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En el mes de las artes, cuando en diferentes establecimientos realizaron actos por las artes y la cultura, entre colegiales, un amante de las letras plantaba, una vez más, el amor a este oficio que ha compartido por tres décadas.
Muy pendiente del desarrollo de la presentación de las declamaciones, de las intervenciones musicales, con que sus alumnos celebraron el Día la Cultura, se mostró el profesor Jorge Astudillo, director del área de Literatura y Lenguaje del Instituto Vicente Rocafuerte.
El docente no puede evitar hablar como si estuviera recitando un poema. Y es que para este ciudadano oriundo de El Valle, parroquia de Cuenca, las letras y los versos son como una fuente de vida.
Tras iniciar que tiene su corazón repartido entre su ciudad natal y Guayaquil, donde echó raíces, con algo de nostalgia refirió que “la Literatura es el único campo donde se puede ser libre. En una hoja de papel se plasma lo que se siente”, refirió el docente graduado en las universidades Guayaquil y Católica y, además, posee un diplomado en docencia superior.
Astudillo recordó que fue su profesor de la escuela quien lo sumergió en ese quehacer artístico. Para esa época, su hermano Rubén, a quien habían llevado a Quito para estudiar, se inmiscuía en el mundo de los poemas y declamaciones.
“Mi profesor me decía: tú también tienes que ser poeta como tu hermano”, y por ello siempre lo alentaban a estudiar, a leer e incluso a componer. Debía aprender para tener buenas notas. Esas exigencias le sembraron el gusto por la Literatura y así lo enseña él y respalda de manera similar a los alumnos.
Sus libros
Ese gusto por leer también lo encaminó a escribir y cuando aún era estudiante escribió un libro de poesía lírica que tituló El silencio de Dios, “que es como un grito al Señor”, porque ocurren tantas cosas y él “en silencio”, interpretó.
Astudillo escribió un segundo libro Salmos de estallidos, donde cuenta sus experiencias recopiladas durante el tiempo que vivió con los Saraguros.
Dijo ser muy creyente, aunque por uno de sus escritos lo han catalogado como ateo o de otra tendencia. Entre risas comentó que de joven tuvo una enamorada procedente de Guaranda a la que quería mucho, le regaló su libro. La chica enseñó el texto a la madre, quien cuestionó el contenido. El resultado, la señora impulsó la separación de los enamorados.
Otro de sus poemas plasmados fue la inspiración cuando enseñaba a su hijo. “Es como un diálogo con mi hijo”. Las investigaciones sobre la presencia de Dios en la poesía ecuatoriana y el uso de la caña guadúa en el folclor nacional fueron otros de los textos editados por el docente, quien argumentó que por dedicar tiempo completo a la docencia en dos universidades y en el instituto secundario no le quedó tiempo para recopilar sus escritos y hacer un nuevo libro. Pero piensa hacerlo en un futuro.
Por ello ahora que está dedicado a enseñar y cuando su ciclo también está por culminar aconseja a sus alumnos vivir intensamente, que disfruten de la vida, “porque lo único importante es el presente”, el ayer pasó y del futuro no se sabe.
Contagiado de esas inquietudes de sus pupilos, Jorge Astudillo confesó su temor a la jubilación. “Quisiera que nunca me toque jubilarme, porque es como si me declarasen desahuciado”, expresó el profesor, a quien en el colegio consideran uno de los más versados docentes en el quehacer literario y un impulsor de las artes y la Literatura.
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