Henry Holguín
Es la misma. Lo sabemos por sus ojos de fuego, por el cuerpazo que nos hizo erizar cuando la vimos por primera vez en el año 89. Pero distinta, más madura, más mujer, más centrada en su destino. Y también, si me lo permiten, más hembra.
Carla Sala regresa al mundo que jamás abandonó del todo, pero que cambió por la presentación en TV, por el periodismo y hasta por la política: la danza.
Es allí, bailando y enseñando a bailar como Carla vuelve a ser ella misma, sin aceptar observaciones, críticas ni consejos de nadie, con esa personalidad a la que nos acostumbramos cuando era una linda y sensual niña que nos volvía locos a todos.
Nació un 25 de julio, lo mismo que su Guayaquil amado y no niega tener 42 años que no los representa para nada. Tiene una hija de 8 años -Carla Bruno- que es su alter ego, su felicidad y su futuro. También un novio hace 3 meses, de su misma edad y cuyo nombre se niega a revelar. Dice no querer más hijos, pero si le toca, prefiere un varoncito para llamarlo Joaquín.
Hay propuestas de Canela y TC, pero solo acepta cosas que “no le quiten tiempo para la danza”. Y cuando le recordamos su pasado bullicioso y matizado siempre con su risa, nos dice con todas las letras: “No me arrepiento de nada y si volviera a nacer, sería la misma”.
Carla Sala, la amante imaginaria de toda una generación, está de vuelta....y mejor que nunca.
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