| (Reino
Unido) Predicadores, escritores y dueños de "webs" podrán
ser deportados
Londres, (EFE).- Los extranjeros
que fomenten el terrorismo oralmente o por escrito,
en un sermón o mediante una página web,
podrán ser deportados o denegada su entrada al
Reino Unido en virtud de una nueva legislación
gubernamental.
El ministro británico de Interior, Charles Clarke,
dio a conocer hoy una lista de "comportamientos
inaceptables" que justificarán la deportación
de inmigrantes a sus países de origen, siempre
y cuando no se enfrenten allí a torturas.
El Gobierno ha empezado a negociar con países
norteafricanos y de Oriente Medio unos "memorandos
de entendimiento" que garanticen que no se someterá
a maltrato a los sospechosos repatriados a su tierra
por presuntas actividades terroristas.
A principios de este mes se firmó uno de esos
tratados con Jordania, con el fin de poder enviar de
vuelta al clérigo radical Abu Qatada, considerado
el embajador de Al Qaeda en Europa, quien fue detenido
en Londres junto a otras ocho personas que también
serán deportadas.
El mensaje del Gobierno de Tony Blair a los extranjeros
que predican el odio es claro: "You are not welcome
in the UK", es decir, "Aquí no sois
bienvenidos".
Según la lista divulgada hoy, podrán
ser deportados o excluidos de este país los extranjeros
que "inciten, fomenten o glorifiquen el terrorismo
para defender sus creencias" o "busquen persuadir
a otros para cometer actos terroristas".
Correrán la misma suerte los que defiendan actividades
criminales o intenten persuadir a otros para que las
cometan y quienes inciten a odiar a miembros de otros
colectivos de modo que pueda desembocar en violencia.
Estos comportamientos son "inaceptables",
al margen de donde se produzcan, declaró el ministro
Charles Clarke.
Así, el Gobierno perseguirá a quienes
"escriban, produzcan, publiquen o distribuyan"
material en defensa del terrorismo; a quienes lo glorifiquen
en "discursos públicos, incluidos sermones";
a directores de páginas web y a profesores, trabajadores
sociales o líderes de colectivos que utilicen
sus puestos para predicar el odio o defender el terrorismo.
Clarke describió su lista como "indicativa
más que exhaustiva", y la defendió
frente a las críticas de las organizaciones de
derechos humanos y los colectivos musulmanes, que temen
ver perjudicados sus derechos fundamentales.
"En absoluto pretende coartar la libertad de expresión
o limitar el debate sobre cuestiones religiosas",
aseguró.
La deportación de los apologistas del terrorismo
es una de varias medidas anunciadas el pasado 5 de agosto
por el primer ministro, Tony Blair, en respuesta a los
atentados terroristas del 7 y el 21 de julio en Londres.
Estas medidas incluyen reformar las leyes de derechos
humanos para eliminar obstáculos a las deportaciones,
introducir el delito de incitación al terrorismo,
elaborar una base de datos de personas "non gratas".
También, poner límite temporal a los
procesos de extradición, la posible creación
de tribunales antiterroristas a puerta cerrada, y la
extensión del tiempo que la policía puede
detener sin cargos a los sospechosos de terrorismo.
Las medidas planteadas por el Gobierno con la justificación
de que, tras los atentados, "han cambiado las reglas
del juego", han suscitado críticas dentro
y fuera del Reino Unido.
El relator de la ONU sobre tortura, Manfred Nowak,
criticó el martes la deportación de personas
que sean consideradas un peligro para la seguridad nacional
a países que se sabe que no respetan las normas
internacionales de protección de los derechos
humanos.
Aunque Londres negocia tratados con varios Estados,
de momento sólo ha conseguido garantías
de Jordania, a través de un "memorando de
entendimiento" cuya validez han cuestionado varias
organizaciones.
Gareth Crossman, portavoz de Liberty, declaró
que "es mejor juzgar a los terroristas que desplazarlos
de un sitio a otro".
La Comisión Islámica de Derechos Humanos,
a quien el Ejecutivo consultó en la elaboración
de su propuesta y cuyas sugerencias ha ignorado, mostró
su alarma por la lista del Gobierno.
"Se trata de una criminalización del pensamiento,
la consciencia y las creencias", dijo su presidente,
Massoud Shadjareh.
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