Calentamiento global
Por: Vicente A. Flores L.
Que el globo terráqueo está “caliente” no es novedad. Está caliente, pero de coraje pese a que el calor se ha ido manifestando poco a poco. Son pocas las personas que han tomado en serio esta situación que amenaza con acabar reservas de agua, volver árida la tierra y hasta motivar guerras, no por terroristas, sino por obtener agua.
En nuestro medio, los dos candidatos finalistas a la segunda vuelta electoral estuvieron enfrentados a una discusión a “correazos” y “bananazos”, pero nadie concretó un plan de reforestación que nos devuelva la tranquilidad. Piensan que con sembrar más arroz, maíz o lo que sea, de ciclo corto, ya está solucionado el problema.
Nada se concreta para impedir la tala de los árboles en Esmeraldas, la otrora provincia verde. Día a día caen los enormes árboles, pero no son reemplazados en la proporción de siembra de 15 a uno, como debería ser. Las plantaciones nuevas de banano no servirán para atraer a las nubes y -en consecuencia- el agua.
Se necesitan leyes duras; pero más que eso, que se las haga respetar sancionando a individuos y empresas que tumban árboles por cientos o por miles cada mes, y sin embargo se quedan tan campantes como que no han hecho nada.
Yoyo Tintín Valentín conoce la geografía ecuatoriana, y también está “caliente” porque en el presente “verano” lo que menos ha habido es frescor, pero sí mucho calor.
Por lo mismo da la voz de alerta para que consideremos como algo básico la defensa de la tierra, los árboles y recursos hídricos. Una cuarentena para la tala de árboles y sí una siembra masiva para que los terrenos a lo largo y ancho del país recobren su verdor.
Deberíamos imitar la política que al respecto aplican los países del llamado Primer Mundo, que obligan a programas de reforestación a las empresas dedicadas a la tala de árboles como negocio.
Si esto no se hace, bangandán dijo el cura de Durán. |