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Gianella Muñoz Renella
Decir Yesenea Mendoza es hablar de una bailarina virtuosa y de una mujer visionaria, que bajo su nombre ha extendido su arte al alcance de todos.
Con una fundación, seis centros artísticos en Guayaquil, uno en Manabí y otro por inaugurar en Salinas, logró que el ballet no sea solo para un público reducido, sino para un pueblo afortunado en materia cultural.
Es así como a sus 42 años esta manabita demuestra que sí puede vivirse del arte. “Vivo porque lo tomé con todo el respeto, la seriedad, el protocolo y la dignidad que este requiere”, refirió. De ahí que sus espectáculos fueron ovacionados en importantes escenarios del país.
Elegida para ser bailarina
Ella danza y es como si iniciara un diálogo, donde el lenguaje es su cuerpo. Lo hace desde que tenía 6 años, motivada por su madre doña Betty Tarabó. “Desde el primer momento que toqué una barra de ballet supe que la danza era parte eterna de mi vida”, contó. Han transcurrido 35 años de esa primera clase que la envolvió en lo que ahora es su día a día. Sus escuelas fueron la Casa de la Cultura y lo que ahora es el Instituto Nacional de Danza. Afirmó que desde entonces aún siente el miedo de la primera vez antes de salir al escenario. “Si eso no pasara no seríamos humanos y la experiencia no sería tan sublime y tan exquisitamente arrolladora”, agregó.
Cada gesto, paso, movimiento, es una conjugación de técnica y sentimientos. “No puede ir una cosa sin la otra”, sostuvo. El talento es tal que entre sus personajes como bailarina principal constan las obras Cumandá, La Bella y la bestia, Poder y Profecía.
Si bien no hay día que sus pies no toquen una sala de danza, también ello le conlleva sacrificios. “Ahora que tengo la bendición de ser madre y esposa me resulta muy difícil pasar tanto tiempo en mi trabajo, pues necesito estar con ellos. Entonces trato de organizarme de la mejor manera y disfrutar de todo. De mi familia, de mi trabajo y de mi arte”, aseguró.
Crear, diseñar, dirigir
Desde 1995 –año que abrió su primera academia- formó talentos capaces de asumir repertorios, tanto de las obras clásicas más famosas como las de tendencias novedosas.
Para ello cuenta con un equipo de personas que la asisten, pero es Mendoza quien está al frente de todo. “Soy la mentora. Me encanta crear, diseñar, dirigir luces y editar música”, confesó.
Jazz, hip-hop, danza contemporánea, teatro musical, pole dance, bailoterapia y danza aérea son los géneros que fue incorporando en sus aulas. Esto le permitió ponerse a prueba en concursos nacionales y también en internacionales como Just dance América y UDA (Mundial de Danza en Orlando, Estados Unidos).
Arte gratuito
Motivada por llevar el arte a sectores de bajos recursos, inauguró hace 7 meses un centro artístico en la Prosperina, donde afirmó que existe mucho talento. “Manejamos el sistema de medias becas, por lo tanto los padres de familia cancelan la mitad de todo”, explicó.
Pero su labor altruista comenzó hace 10 años con la Fundación Yesenea Mendoza, en el sur de la ciudad. “Ahí las alumnas reciben todo absolutamente gratis”, aseveró. Por tanto el ingreso es bien restringido, previa audición. En cuanto al financiamiento, “la entidad funciona gracias al aporte de los padres de familia de todos los centros artísticos”, relató. Así mismo elaboraron algunos productos para solventar los gastos, como agendas, cuadernos, calendarios, revistas, portarretratos, entre otros. Gracias a ello hay 120 alumnas becadas, demostrando que la danza no es solo para la élite.
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