Guayaquil, mar 07/sep/10
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Cerraron la Perimetral para exigir justicia ante el trágico percance

¡Bastión y Pascuales se rebelaron!

Los moradores quemaron llantas y alzaron su voz de protesta para que las muertes del domingo no queden en el olvido.

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Los carteles hechos por los manifestantes dejaban en claro lo que exigían.

Cientos de moradores de Bastión Popular y Pascuales se sumaron a la protesta.

El alcalde Édison Alvarado brindó ayuda sus coterráneos fallecidos en la tragedia.

 La columna de humo proveniente de la quema de llantas se lograba divisar a gran distancia.

En el kilómetro 14 de la vía Perimetral, dos barricadas formadas por patrulleros de la Policía Nacional cercaban un perímetro de cien metros en ambos carriles de la autopista.

Las rutas alternas estaban al borde del colapso. La vía a Daule pagaba las consecuencias de la protesta al acoger el tráfico que circula a diario por la Perimetral. Similar situación se daba en la avenida Orellana que distribuye el tráfico para el norte de la ciudad. 

Desde las 06:00 no había paso para nadie. La principal arteria que recorre Guayaquil de norte a sur, ahora era el centro de reunión de cientos de personas. Se trataba de  residentes en Bastión Popular y Pascuales que exigían justicia ante las 15 muertes del domingo.

Pedían soluciones y las querían ya. “El tiempo de espera había concluido hace mucho tiempo”, manifestó uno de los lugareños, quien había perdido hace unos meses  a uno de sus familiares que fue atropellado en la misma vía.
A él se sumaban los deudos, amigos y vecinos de las víctimas que han teñido de sangre el asfalto con sus cuerpos.

Querían ser escuchados
La protesta se ponía al rojo vivo. Varios carteles improvisados aparecieron de pronto con arengas como: “No más muertos, soluciones ya” y “Que las autoridades se hagan presentes”.

Era precisamente esta la principal consigna de la masiva manifestación, pues no pensaban darse por vencidos hasta que algún dirigente  de la Comisión de Tránsito del Guayas  o Municipalidad de Guayaquil se hiciera presente en el lugar.
Sin embargo no estaban dispuestos a esperar mucho y si las autoridades no llegaban, ellos iban a buscarlas.

En tanto esto pasara, más llantas aparecían y eran sumadas a la hoguera. Los agentes de la Policía vigilaban que la protesta fuera pacífica, pero no faltaron quienes intentaban a ratos crear un ambiente de caos. 

Pedían pasos peatonales en la vía,  más semáforos, rompe velocidades y sobre todo que les respetaran la vida de ellos y sus familias que a diario experimentan el terror en el que se ha convertido cruzar la vía.

Una solución providencial que proponían era que la velocidad máxima de circulación fuera reglamentada por la CTG en 60 kilómetros por hora como si se tratara de una zona céntrica.

Por su parte Alberto Rojas no creía en nada y fue más radical. Él  arengaba a sus compañeros de causa para que solicitaran la salida de la Comisión de Tránsito del Guayas.

Para Rojas, “la intervención de la Policía Nacional como organismo regulador de tránsito haría que todo marchara bien”.

Juliana Camposano aseguraba “que la falta de participación de los agentes de tránsito en la zona da paso libre a los conductores irresponsables que circulan sin respetar ninguna señal o semáforo”.

La mañana recién comenzaba  al igual que las manifestaciones. Al parecer, en el sitio no iba a llegar ninguna autoridad para proporcionar soluciones. Entonces ellos salieron a buscarlas, el siguiente objetivo era la Comisión de Tránsito del Guayas y para allá emprendieron camino. 

 

Santa Lucía de luto por la desgracia

Al recinto El Cabuyal,  del cantón Santa Lucía, llegaron tres de las quince víctimas del accidente, en el paradero de la Perimetral.
Se trataba  de los miembros de la familia García Salazar que ahora retornaban a la tierra que los vio nacer y que ahora alberga sus restos mortales.

Nelson García lo había perdido todo. Sus razones para vivir, su esposa y dos hijas, ahora  reposaban inertes dentro de tres fríos ataúdes.

García dice que la mañana del accidente se quedó durmiendo en casa y su amada Johanna se fue a Santa Lucía con sus nenas, procurando no despertarlo.
Los gritos desgarradores de los moradores de Bastión Popular, que eran testigos del momento en el que el carro de la muerte embestía  todo lo que se le atravesara por el camino, alertaron a Nelson.

El joven bajó corriendo el cerro hasta la carretera y vio como sus seres queridos perecían víctimas de la irresponsabilidad del conductor.
Nelson García es de bajos recursos económicos y su preocupación era obtener el dinero para sepultar a su familia. Sin embargo, en medio de tanta tempestad, llegó algo de calma.

El alcalde de la localidad, Édison Alvarado Aroca, se movilizó hasta El Cabuyal para extender sus condolencias a la familia Salazar Díaz.
El Burgomaestre donó un cuerpo de bóveda en el cementerio general del recinto para que sus coterráneos reciban cristiana sepultura y, además, dio una ayuda económica para el sepelio.

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