Guayaquil, jue 02/sep/10
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En Quito, un platillo milagroso que cura desde la menopausia hasta la infertilidad

¡El ville milagroso!

El nutritivo platillo se lo elabora con el feto de la vaca y otros secretos...

Redacción Extra

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Foto: Franklin Jácome / Extra

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Ángela Amoroso, Quito

Ahí estaba yo, en la vieja y conocida calle Zaruma, en pleno sur de la capital, parada frente al negocio de doña Hermelinda Correa. Un local pequeño, a la salida una gran bandeja con carne ni muy colorada ni muy pálida, al lado unas grandes ollas con caldo.

Este local tiene 38 años de tradición y es el escenario donde se vende el mejor remedio para la anemia y la debilidad.

No crea que le estoy hablando de esos menjurjes curativos que le prometen una vida sana, sin enfermedades, o de esos frasquitos que le venden en las tiendas naturistas. Se trata del milagroso y no muy popular Ville. Si usted no sabe a lo que me refiero, déjeme que le cuente.

El ville es nada más y nada menos que el feto de la vaca. Sí señoras y señores, ¡el feto de la vaca! Un suculento bocadillo que por décadas ha sido degustado por los vecinos de la zona.

Hermelinda comenta que una cliente que no podía tener hijos acudía diariamente a su negocio y se comió la carne de la cabeza del ville y al cabo de un tiempo pudo concebir.

Ella asegura que son muchas las veces en las que ha visto a varias mujeres menopáusicas sanarse de “los calores” y los estragos de esta etapa femenina, solamente alimentándose del nutritivo preparado.

Doña Hermelinda va cada dos semanas al Camal Metropolitano y escoge a los mejores postulantes para entrar en la olla, luego los pela y los lleva al restaurante para prepararlos y alinearlos con el secreto familiar y después meterlos al horno de leña hasta que se cocinen.

Por otro lado, Enma, hija de Hermelinda, cuenta que ahí venden el feto con piel y sin piel. Si queremos cocinar el que es con piel, el animalito debe ser menor a dos meses de gestación, pero si queremos con piel pues debe ser pasado los tres meses”, asegura la joven.

Luego de mirar cómo los visitantes del lugar se sientan para servirse esta comidita, es mi turno. Ahí está, frente a mí, un plato con feto de vaca, nunca en mi vida lo había probado, ni siquiera me imaginé alguna vez comer algo parecido, pero en fin, éramos el plato y yo, todo un reto.

Reconozco que al principio me dio recelo probar este extravagante platillo, incluso un escalofrío me recorría el cuerpo, al pasar unos minutos me decidí, tomé la cuchara, y me llevé a la boca un buen pedazo de carne. Mastiqué tan rápido como pude para no sentir el sabor, pero de repente mis dientes se detuvieron, mi boca comenzó a sentir un sabor agradable, parecía que comía hornado y mezclando con el mote y las papitas me supo exquisito.

Este negocio ha pasado de generación en generación, pero doña Hermelinda no deja de servir a diario el platillo con mote, papas, aguacate y su buena porción de ville con su respectivo caldito, todo con mucha dedicación y cariño, como todo buen ecuatoriano. Si se anima a probarlo...¡buen provecho!

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