Juan Manuel Yépez, Guayaquil
Imaginemos por un momento una cárcel en la que el contacto sensorial entre los presos y guardianes sea restringido, que todos sus movimientos se registren en monitores de alta tecnología diseñados para no perder de vista ninguna de sus actividades, incluidas las más privadas.
Que la vida de los reos transcurra en celdas de dos metros por tres, sin poder recibir visitas ni llamadas telefónicas o asistir a programas de rehabilitación sin que les faciliten libros, revistas ni realizar actividades deportivas o educativas.
Agreguemos a esta terrorífica escena un “ejército” de perros adiestrados, láser por todos lados, luces infrarrojas y una serie de tecnologías al servicio de la más estricta vigilancia.
Pues bien, este lugar no es producto de la imaginación. Se trata de la prisión de Colorado, en Estados Unidos, que tiene una población carcelaria de 490 reclusos y está diseñada para individuos violentos o peligrosos con la filosofía de que “cuanto más dureza se les aplique, más posibilidades tendrán para rectificar su conducta criminal”.
Este centro penitenciario es el modelo de las cárceles conocidas como “Supermax”, donde está recluido el francés Zacarías Mussaoui, condenado a prisión perpetua por complicidad en los ataques del 11 de septiembre del 2001, a las Torres Gemelas en Nueva York. Él pasará el resto de su vida en la cárcel de máxima seguridad llamada “Administrative Maximum Falicity” de Florence, estado de Colorado, EE.UU..
La polémica surgida en torno a la creación de una cárcel de máxima seguridad en Guayaquil, conocida como Centro de Rehabilitación Social número dos, donde están recluidos los reos considerados como más peligrosos del país, originó el debate sobre la necesidad de endurecer los controles penitenciarios y levantó críticas por parte de defensores de los derechos humanos, quienes consideran que los presos son víctimas de violaciones a sus derechos fundamentales.
El asambleísta Enrique Herrería (Madera de Guerrero) sostiene que la construcción de la cárcel era una necesidad urgente para solucionar el problema de inseguridad que afecta a Guayaquil. “En la Penitenciaría del Litoral no hay las seguridades indispensables porque se permite que bandas de delincuentes dirijan crímenes desde sus celdas. La cárcel se creó con el propósito de evitar este fenómeno”, dice y agrega que el Gobierno debe crear más centros carcelarios con mejores sistemas de seguridad.
Según Herrería, dentro del Centro de Rehabilitación “no existen violaciones a los derechos humanos por el hecho de no dejarles usar teléfonos celulares o por no tener televisores”, y propone instalar líneas de teléfono convencionales para que ellos puedan comunicarse con sus familiares bajo la condición de rastrear las llamadas.
Por eso, el asambleísta insiste en la necesidad de reformar el Código Penal ecuatoriano para incluir en la ley la figura de detención obligada; es decir, que el involucrado en un hecho delictivo grave no pueda recuperar su libertad apelando a la caducidad de la prisión preventiva.
El secretario ejecutivo del Comité Ecuatoriano de Derechos Humanos y Sindicales (Cedhus), Francisco Zambrano, insiste en que los presos están incomunicados, pese a que existen dos días de visita de media hora (miércoles y sábados de 09:00 a 12:00 y de 14:00 a 16:00).
Además, el funcionario de Cedhus pide a las autoridades judiciales que tomen las declaraciones a los 33 reclusos detenidos en el Centro, con el fin de denunciar una supuesta violencia psicológica contra los internos, “al no permitirles que tengan ni una televisión en sus celdas”.
Pese a que acepta no tener pruebas sobre castigos o maltratos físicos contra los reos, Zambrano cuestiona el hecho de que aún se mantengan en sus celdas tres personas que necesitan cirugías urgentes por casos de hernias como José Wilfrido Villagómez Torres, alias “Mala Gente”, detenido por el asesinato de la ex directora de la Penitenciaría del Litoral, Soledad Rodríguez; Luis Alberto Ramírez Ramos, capturado en Portoviejo en enero del 2000; y Eddy José Castro Cabello, alias “Bemba”, involucrado en la muerte de la niña Nathalia Fabara en un asalto a Emelgur.
“No estamos justificando sus actividades delictivas, solo pedimos que se los trate como seres humanos”, dice Zambrano.
Otras cárceles
Si se considera que el centro de reclusión es el más seguro del país y por ende usa métodos restrictivos para los presos, invoquemos de nuevo a la imaginación y pensemos en la legendaria Alcatraz, situada en una isla junto a la bahía de San Francisco (California).
Ésta era una de las prisiones más seguras y famosas de los Estados Unidos y en la que importantes gángsters fueron encarcelados, como Al Capone; por ejemplo, y del llamado “Hombre pájaro de Alcatraz”.
Alcatraz fue primero un fuerte y una prisión militar. Entre 1934 y 1963 fue una penitenciaría de máxima seguridad.
También se le dio el nombre de “La Roca”, título usado para la película protagonizada por Sean Connery y Nicolas Cage.
La fama de la seguridad de Alcatraz viene por el hecho de encontrarse en una isla. Todo el que quisiera fugarse tenía que nadar por las frías aguas de la bahía, expuesto a sufrir una hipotermia o un ataque de tiburones.
La prisión dejó de utilizarse como tal en 1963 y se conserva como elemento turístico.
Sing Sing Correctional Facility, la mítica cárcel de Sing Sing que inspiró al dominicano Bienvenido Brens en su canción inmortalizada por Alci Acosta, es una prisión del Departamento de Servicios Correccionales del Estado de Nueva York en Ossining, Nueva York.
Fue la tercera prisión del estado de Nueva York, construida en 1825. La legislatura del Estado adjudicó 20.100 dólares para comprar la Granja Silver Mine. La prisión debía autogestionarse y no requerir presupuesto estatal.
Elan Lynds, carcelero de la Prisión de Auburn (la segunda cárcel de Nueva York)), llevó 100 convictos de Auburn a la nueva prisión y los empleó para su construcción.
Harris A. Smiler fue la primera persona ejecutada por electrocución en este lugar el 7 de julio de 1891. Desde 1914 hasta 1971, sólo la silla eléctrica de Sing Sing fue usada para las ejecuciones.
Una Prisión “cinco estrellas”
Está ubicada en Steiermark, Austria, y se llama The Leoben Justice Center. Es un complejo de Cortes, oficinas para jueces y prisión.
Las celdas de los prisioneros son auténticos dormitorios de lujo, donde posiblemente estén más cómodos que fuera de la prisión.
Está formado por grandes cristales que le dan un aspecto realmente fantástico. Las celdas disponen de televisión, mobiliario como estanterías, escritorios, sillas, etc.
Los reclusos tienen acceso a un gimnasio totalmente equipado, una cancha de baloncesto con piso de madera, además de multitud de juegos, como máquinas arcade y ping-pong.
Una auténtica prisión de cinco estrellas, donde no queda muy claro si el objetivo es castigar o recompensar a los reclusos.
La U-29 en Argentina
La Unidad 29 de Melchor Romero está ubicada a 15 kilómetros de La Plata (Argentina) y es la primera cárcel de Alta Seguridad de Sudamérica. Fue inaugurada en junio de 1998 y según sus impulsores “será imposible que alguien pueda escapar de este penal”.
Con capacidad para 240 internos, allí están recluidos los presos más peligrosos del país y aquellos catalogados como de alto riesgo para el sistema carcelario y sus propios compañeros, por tratarse de expertos en fugas o motines violentos. Por esas celdas individuales desfilaron los cabecillas de la superbanda del Gordo Valor y los llamados “12 Apóstoles”, protagonistas de la revuelta carcelaria más sangrienta de la historia penitenciaria argentina.
La U.29 está emplazada en un predio de 141.512 metros sobre la calle 520 entre 175 y 183.
Además de las 75 cámaras de televisión que graban todo lo que ocurre en los sectores clave del penal, la seguridad está a cargo de 400 guardias que cubren cuatro turnos, 516 motores que accionan el abrir y cerrar de las puertas, 212 teléfonos internos y un sistema de alarmas capaz de discriminar si se produjo fuego o una falla mecánica.
Las celdas se distribuyen en doce pabellones y están provistas de una ducha, una cama, una mesa y una silla. Además tienen dos ventanas y dos puertas superpuestas: una de reja y otra de chapa, que se accionan desde la torre de control del penal.
Las celdas miden 2,15 metros por 2,15, y tienen una altura de 3,60 metros. Cada recluso es vigilado por un celador y los muros laterales le impiden observar a sus compañeros. De esta forma, el contacto entre los internos es prácticamente nulo. Cada uno de ellos pasa 20 horas diarias dentro de su celda y sólo sale al recreo dos veces por día, durante dos horas.
El contacto humano es mínimo y están prohibidos los diarios y la televisión. Los familiares pueden visitarlos una vez por semana y hablar con ellos a través de un sistema telefónico, separados por un vidrio blindado que impide tocarse.
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