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Cuando las luces se apagan comienza el show de “Yajaira”. La seductora bailarina de uno de los centenares de night clubes quiteños entra al escenario vestida de gatita. Su piel morena se fusiona con su traje y los focos azules y rojos resaltan sus brillantes tacones.
La música electrónica enciende el lugar. La sexy felina no lleva puesto nada más que un bikini negro con una “colita” blanca, tipo conejita: la ropa ideal para una tarde de calentura.
Con movimientos eróticos “Yajaira” entra a la pista. De inmediato agarra el tubo con ambas manos y lo aprieta firmemente. Todos miran su forma de mover el cuerpo y menear las curvas. Ese es el secreto. Como si el poste fuera un hombre invisible que representa a todos los boquiabiertos espectadores.
Las piernas de “Yajaira” se enroscan poco a poco en el tubo gris. De repente el ritmo de la música y los meneos de la exótica bailarina comienzan a acelerarse.
Todos los hombres sentados y parados alrededor de la pista aplauden sus piruetas, comentando entre ellos, sobre las bondades de esta acróbata del erotismo.
Con una cervecita en la mano, los varones refrescan la calentura que genera los movimientos sexuales de “Yajaira”. Sus partes íntimas rozan el caño gris, originando lujuriosas reacciones de los “meros machos”. Las curvas de esta mujer de fantasía, hipnotizan a los clientes cual serpiente encantadora.
En un instante el cuerpo escultural de “Yajaira” da un giro sobre el tubo. De cabeza comienza suavecito a quitarse el sostén. Sus pechos, al calor del movimiento, humedecen el tubo, su transpiración empaña el agasajado metal.
“Marco”, cliente de este cabaret, aclamaba en voz alta su total deseo de estar más cerca de la fémina. “¡Diosito cómo quisiera ser el tubo!”. Sus compañeros de banca se reían a carcajadas, pero seguramente tenían el mismo deseo.
Era el momento de la tanguita. Con sus finos dedos “Yajaira” desató el nudo de uno de los lados de su ropa interior, dejando caer la mitad de la tela, desnudando la leve línea que separa la ingle de su pierna. En pocos segundos desató el otro nudo y enseguida sus partes íntimas quedaron al descubierto.
Ahora el baile es mucho más eróticos. El movimiento de sus piernas abiertas contra el tubo, simulaba un acto sexual, dejando a los espectadores atónitos y ávidos de cuerpos ardientes. Es aquí cuando los “picados” clientes buscan entre tanta hermosura a la indicada para calmar sus deseos.
Al terminar el espectáculo, “Yajaira” se retira agotada del escenario. No hay vergüenza. Para ella -y para muchas más- es una forma normal de ganarse la vida. Recoge su ropa y va directo al camerino. Ella afirma disfrutar mucho bailando en el tubo no solo porque le parece muy sensual, sino también porque la “mantiene en forma”.
En realidad es un ejercicio muy completo que hoy en día se ha convertido en deporte en muchos gimnasios.
“Yajaira” se viste y pasa a ser nuevamente una más de las chicas del “chongo”. Dentro de un par de horas le tocará otra vez pegarse al poste, para hacer volar la imaginación de todos.
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