Guayaquil, sáb 10/jul/10
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27 alumnos revivieron entretelones del ataque de los corsarios en 1687

¡Historias de piratas que saquearon Guayaquil!

Más entidades se suman a los festejos de la ciudad.

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Distintas fases de la invasión de piratas a Guayaquil fueron expuestas por los alumnos de distintas escuelas.

El niño Jimmy Zambrano mientras hacía su relato a los directivos.

La madrugada del 21 de abril de 1687, durante una copiosa lluvia, bandoleros piratas y corsarios, franceses e ingleses, ingresaron a la ciudad de Guayaquil, que en esa época contaba con no más de dos mil habitantes.

Durante todo el día, los europeos saquearon las casas levantadas en lo que en ese entonces comprendían los límites de los cerros Santa Ana, del Carmen y San Lázaro (donde está asentado el cementerio), el río Guayas y el estero de Carrión, que antiguamente era la actual calle Loja.

Durante esa incursión, los bandoleros destruyeron las casas, tomaron bienes de valor, se llevaron como rehenes a las mujeres más bonitas y a algunos líderes de ese entonces, por quienes pidieron rescate. También provocaron un incendio que terminó de destruir la ciudad.

Los piratas se refugiaron en la isla Puná, esperando el pago del botín; mientras tanto, tomaban a su gusto a las mujeres y disfrutaban de las cosas robadas.
Un nativo de la zona, el mestizo Josefilo, en venganza por los azotes que le había dado su patrón Lorenzo de Sotomayor, decidió pactar con el líder de los piratas para ayudarlos a penetrar la ciudad y a cambio pidió que maten al hombre que lo torturaba.

En esos días de abril de 1687, de la ciudad solo quedaron ruinas. Los cadáveres que se descomponían en las calles o flotando en el río motivaron el traslado de la urbe a Sabaneta. Se produce el traslado de Ciudad Vieja a Ciudad Nueva y la unieron por un largo puente de madera y caña, de unas 800 varas. La construcción fue considerada en la época como el puente más largo del mundo. Así está registrado en una enciclopedia británica.

Un pirata enamorado

Meses después de la partida de los piratas, las mujeres empezaron a dar los frutos de ese episodio de horror, a los que la gente llamaban “piratillos”.

Con expresiones en sus rostros y gesticulaciones, 27 niños de diferentes escuelas particulares de Guayaquil revivieron este capítulo trágico que vivió la ciudad un siglo después de la llegada de los españoles a estas tierras.

Hubo alumnos que quisieron dramatizar ciertas escenas, pero esto no fue considerado por el jurado calificador del Primer Concurso de Libro Leído, desarrollado en el auditorio del Museo Municipal.

Cada uno de los estudiantes participantes en el certamen demostró haber asimilado bien esta parte de la historia de nuestra Perla del Pacífico. Por haber llegado a la semifinal, cada uno se hizo acreedor a una computadora laptop, donada por una empresa de telefonía y las escuelas a las que representaban, una colección de libros. De ese grupo, los representantes de los planteles Dante Alighieri, Plaza Sésamo y Laguna Azul se llevaron los primeros tres lugares.
En cada una de sus narraciones, los estudiantes relataron que en medio de ese  horror que vivieron los primeros pobladores de Guayaquil se fraguó una historia de amor.

Una de las jovencitas raptadas por los piratas era Rosario Meneses, quien fue rescatada del grupo de bandidos por el pirata George Dickenson, quien le propuso matrimonio. La joven aceptó, se casaron en uno de los puertos y se fueron a vivir a Escocia.

Esta historia vino desde Europa por uno de los descendientes de la guayaquileña, quien años después llegó a la ciudad de donde procedía la pariente y quiso hacer negocios. Contactó con Vicente Rocafuerte y este al conocer la historia lo llevó a la isla Puná, donde don Hilario de Santos, con quien cotejaron los datos. Así se conoció este episodio poco conocido en las páginas de la historia guayaca.
Los relatos de la veintena de chicos fueron corroborados por el investigador, arquitecto Melvin Hoyos, quien resaltó que leyendo se pude conocer la verdadera historia de Guayaquil, rica, mágica y dolorosa a la vez.

Aquí se explicaron los conceptos de lo que son piratas, corsarios y filibusteros, pero sobre todo se destacó que desde esa época los guayaquileños han demostrado tener temple para levantarse.

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