Un rótulo con letras verdes y una entrada de madera rústica daban la bienvenida a los clientes de un supuesto spa, donde decenas de hombres conseguían no solo masajitos de relajación, sino además sexo puro, según lo dio a conocer la Policía.
El descubrimiento del local, ubicado en el sector de La Floresta, en el centro-norte de Quito, se hizo gracias a las denuncias de los vecinos del sector, que fueron a la Unidad de la Policía Comunitaria de La Floresta y se quejaron de que en la casa E16-143, ubicada entre las calles Madrid y Tolasa, sucedían cosas raras.
Masajes y relaciones sexuales
Los moradores se dieron cuenta de que en la casa donde aparentemente funcionaba un centro terapéutico y donde llegaban clientes, especialmente hombres a realizarse baños de cajón, sauna y masajes relajantes antiestrés, en realidad se escondía un lugar para desenfrenados encuentros sexuales con jóvenes muchachas que ofrecían sus servicios.
La tarde del jueves, los agentes del orden, las autoridades de la Intendencia de Policía de Pichincha y de la Comisaría de Salud, verificaron que en la vivienda habían varias habitaciones en las que se realizaban los masajes, mientras que en otra gran sala alfombrada se daba rienda suelta al placer.
En uno de los clósets, la Policía encontró decenas de preservativos para ser usados y que estaban escondidos entre la ropa de las jóvenes, mientras que los condones usados fueron hallados en la basura.
Sin permiso
El local no tenía los permisos ni como spa, tampoco como prostíbulo, por lo que fue clausurado por las autoridades de la Intendencia, que colocaron el sello en la puerta principal de ingreso al supuesto “centro terapéutico”, que funcionaba por la zona desde hace tres meses.
Golpe a reportero
La administradora del local, una muchacha de 25 años, no estaba decidida a que le cierren el negocio y se desató en cólera en contra de los medios de comunicación, resultando agredido físicamente Carlos Carrillo, reportero de Ecuavisa, quien intentó entrevistarla.
La mujer se puso furiosa y comenzó a recriminarle, pero como él insistía en obtener su versión, ella sacó su palma izquierda y le dio una cachetada que le viró la cara.
A más de la agresora, que es la dueña del local, otras tres mujeres (cuyas identidades quedaron en reserva mientras son procesadas) fueron detenidas y puestas a órdenes de las autoridades de la Intendencia, quienes manifestaron que seguirán trabajando por el bien de la comunidad para garantizar la paz ciudadana en la capital.
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