La sencillez con la que viste la pareja de nigerianos Daniel Ekenchukwu y su esposa Nineka contrasta con la elegancia del hotel Marriot, de la avenida Francisco de Orellana, en Guayaquil, donde se hospedan.
La pareja se mueve con la fe, tanto que su deber de predicar donde la inviten es más fuerte que la copa mundial del fútbol que se celebra en su propio continente: África. Por su testimonio, este hombre ha viajado a diferentes partes del mundo con todos los gastos pagados: Estados Unidos, Florida, Nueva York, Amsterdam, El Vaticano, Venezuela y ahora Ecuador.
Los esposos llegaron al aeropuerto de Guayaquil a las 06:00 del jueves pasado, tras 48 horas de viaje en KLM. Los dos hablan inglés, idioma oficial de Nigeria, a pesar de que allí también se habla el yoruba, ibo y hausa, tres de los cuatrocientos tipos de lenguas que existen. Por este motivo hubo dos traductores que lo ayudaron a contestar las preguntas.
Daniel Ekenchukwu, de 40 años, saludó cordialmente con los periodistas al igual que su esposa Nineka. Los nigerianos suelen dar la mano al saludar y al despedirse. En el caso de los hombres, hacer reverencia a una mujer es señal de respeto.
En su mano izquierda, el africano sostenía una Biblia y un libro escrito en inglés sobre su experiencia sobrenatural que tuvo al morir el viernes, 30 de noviembre del 2001, tras sufrir un accidente de tránsito mientras circulaba en su vehículo Mercedes Benz 230E, y resucitar a los tres días.
El pastor dijo que antes de la experiencia sobrenatural vivía en una aldea llamada Amaimo, en el Estado de Imo, donde era pastor de la iglesia evangélica Capilla de Poder, en la ciudad de Onitsha, en el Estado de Anambra. Manifestó que en su país el 50 por ciento de la población es musulmana (principalmente al norte y al oeste del país), el 40 es cristiana (sobre todo en el sur) y el diez restante pertenece a creyentes tradicionales (católicos y protestantes).
Con varias cicatrices en el rostro y en el cuerpo, este ingeniero mecánico muestra las huellas de las heridas por donde le inyectaron una sustancia química parecida al formol en la morgue.
Agregó que por dos semanas tuvo el sabor amargo del líquido en su boca. A su cadáver no le removieron sus órganos, pero lo embalsamaron inyectándole la sustancia en los extremos superiores de sus brazos, en cada dedo de las manos y pies, piernas, genitales y en el recto. Mostró el color de las palmas de sus manos actuales y dijo que este cambió con el químico.
Dijo vivir no una, sino dos grandes experiencias: saber que la muerte no es dolorosa, conocer el paraíso, algo diferente al cielo -que es el trono de Dios-, y el infierno donde se quedaría su alma.
“Iba al infierno”
Mientras moría creyó que luego de hacer una oración se iría al cielo, pero no fue así, iría al infierno, porque no había perdonado a su mujer con quien antes de sufrir el accidente de tránsito tuvo una discusión por un mal entendido. Nineka lo abofeteó y él no la perdonó. “Dios me dijo que para ser perdonado tenía yo que hacerlo primero”, explicó y agregó que su mensaje va dirigido a la humanidad sobre la existencia del cielo y el infierno.
Invitó a que las personas que quieran investigar su caso a fondo viajen a Nigeria y realicen las entrevistas necesarias, con los testigos y las personas que lo atendieron en el hospital San Carlos Borromeo, en los arrabales de Onitsha, con el personal del hospital Umezuruike, donde el médico que lo atendió diagnosticó su muerte, o en el Centro Médico Federal en Owerri.
Señaló que muchas personas presenciaron su resurrección en el interior del templo donde fue llevado su cadáver.
“Dos ángeles”
Según el africano, la muerte no es igual para todos. Dijo que por él vinieron dos ángeles llamados “Bien y Desastre”, quienes lo entregaron a Dios.
Cuando una persona ha sido fiel con Dios y muere, dice, no ve el infierno, pero si no ha sido fiel, entonces los ángeles lo suben, le muestran el cielo, el paraíso, donde Dios habla con el alma del fallecido y le indica que lo que Él dice en su palabra es real.
Luego es llevado al infierno, que es parecido a una prisión espiritual, donde las almas gimen de dolor, pero señaló que el propósito de Dios para él era que resucitara y contara todo lo que vio.
“La primera pregunta que me hice cuando resucité fue ¿qué hacía desnudo en la iglesia y ante muchas personas que me miraban? No recordaba nada, ni del accidente. Tenía mucha sed y pedí agua”, manifestó.
Su mujer Nineka ingresó el cadáver en el templo por orden de Dios, mediante una revelación que tuvo.
En el estadio modelo
Hoy el pastor nigeriano estará a las 18:00 en el estadio Alberto Spencer para contar su experiencia a la masiva concurrencia. Habrá policías a caballos resguardando la seguridad. El pastor hará oración de sanidad para los enfermos. Se espera que la gente llegue temprano para que pueda alcanzar los primeros puestos. En especial los que asistan en sillas de ruedas.
“Es imposible”
José Peñaranda Salas, médico legista de Naranjal, señaló que es imposible que una persona muerta resucite, mucho menos luego de haberle sido practicada la autopsia y de inyectarle alguna sustancia química o formol que se utiliza para la conservación del cadáver. “En el supuesto caso de que haya experimentado una catalepsia y luego en la morgue le inyectaran el formol, esto lo mataba de verdad”.
Agregó que el formol o cualquier sustancia química para la conservación del cadáver, quema. “Nadie podría sobrevivir a esto. El formol se introduce por las arterias femorales en las piernas y la sustancia hace un recorrido por todos los vasos sanguíneos de la persona muerta. ¿Quién podría vivir así”, explicó el galeno, aunque no negó que existan los milagros de Dios.
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