Guayaquil, mar 06/jul/10
Portada ::Especial :: Noticia

Nada detiene “la máquina de hierro”

Para niños,jóvenes y adultos, el ferrocarril está listo para divertirlos.

  • Calificación:

Esta es la nueva cara del tren en la estación de Tambillo. La alegría de los habitantes fue grande al saber que las campanas del ferrocarril sonarán

Antes de la travesía, los visitantes se tomaron fotos sobre el tren para el recuerdo.

Guías especializados contestan las preguntas de los turistas durante el recorrido. Muchos llegan desde muy temprano para no perderse el viaje.

Al tocar la tercera campanada, todos deben subir a los trenes.

Las puertas permanecían cerradas, pero los usuarios aguardaban ansiosos hasta poder entrar. Los escasos 10 grados centígrados de la mañana eran acompañados por unos leves reflejos de sol. Esta tenue luz develaba una inscripción de hace 102 años: Ferrocarriles del Ecuador.

Y desde hace casi dos años, las viejas rieles de la época del ex presidente de la República, Eloy Alfaro, han vuelto a funcionar, pues en el 2007 el Gobierno Nacional inició un proceso de rehabilitación de las vías para conmemorar un siglo de la llegada de la primera locomotora a Quito.

Ahora, “el ferrocarril más difícil del mundo”, como se lo denominaba por las peligrosas rutas que debe transitar, sigue vivo esperando la visita de turistas nacionales e internacionales.

Según la empresa de Ferrocarriles del Ecuador, la acogida a las rutas reabiertas en los tramos arreglados ha sido buena, pero se espera que más gente vaya para que el proyecto pueda ser ampliado.

El encuentro
Gorras, chompas rompevientos, guantes y bufandas fueron los inseparables compañeros de los turistas que afrontarían un frío recorrido por la ruta de los volcanes.

El punto de encuentro estaba pactado a las siete y media de la mañana en la estación Eloy Alfaro, en el centro-sur de la ciudad de Quito (Chimbacalle). El destino: Machachi, Cotopaxi y Latacunga. Adentro del lugar nadie podía evitar esa sensación caliente de emoción. En frente de todos estaba el ferrocarril ecuatoriano, listo para partir.

Un recorrido maravilloso
Un grupo de 16 señoritas iba a hacer un recorrido memorable. Su profesora Anita Fernández quería que ellas vivan “la verdadera experiencia del tren” y por eso las trajo desde su ciudad.

No le importó madrugar desde Guaranda con tal de que sus alumnas sientan esa ilusión del ferrocarril. Por otro lado iban las parejitas de enamorados, pues qué mejor paseo romántico que ese. Tampoco faltaron las grandes familias con niños, jóvenes, adultos y hasta abuelitos. Los extranjeros no se quedaron atrás.

 

Y sonó la campana
Los guías daban sus primeras indicaciones. No se pueden sacar las manos por la ventana, ni subirse en la parte del techo del ferrocarril, todo por seguridad de los turistas.
A un costado de las rieles, en el piso de ripio, los conductores revisaban motores. En el andén los turistas solo esperaban una cosa, un sonido. Finalmente repiqueteó la campana. El pito del ferrocarril y las campanadas arrancaban la sonrisa de todos los presentes.
“A la fila, a la fila”, gritaban algunos chicos, pues de broma en broma entre compañeros se peleaban por quién subiría primero. A lado de ellos, Francisco Cedillo revisaba los boletos y permitía el ingreso de cada uno de los pasajeros.
Al volante, Óscar Buitrón, alias el “Gato Volador”, también mostraba su sonrisa de bienvenida a los viajeros. Después de algunos minutos salía este autoferro (especie de bus en rieles) camino a Latacunga.

El trencito “chucu chucu”
Pero la verdadera experiencia la vivieron quienes fueron en el ferrocarril tradicional. “El trencito chucu chucu”, decía un pequeño niño de siete años. Una locomotora a diesel arrastraría dos vagones con destino a Machachi y al Boliche (Cotopaxi).

Ocho y treinta de la mañana. Por fin partía el tren tradicional. En las calles, la gente no podía evitar subir sus manos y agitarlas levemente. Los saludos o las manos al aire eran el presagio de un buen viaje.

Dentro del vagón, la madera y el decorado los transportaban a principios del siglo XX. El pasado había vuelto a reclamar su espacio. Cortando vías y montañas el ferrocarril ecuatoriano avanzaba a 35 kilómetros por hora. Lento, pero seguro, llevaría a más de 70 turistas a su destino.

Tras 45 minutos de recorrido, el tren finalmente llegó a Tambillo. Allí, los turistas pueden tomarse un cafecito, cortesía de la casa, que se lo entregan con tan solo presentar el ticket.
Quienes deciden terminar allí la aventura pueden regresar a Quito en bus, pero quienes quieren más adrenalina pueden tomar un bus interno (de ferrocarriles del Ecuador) que los llevarán hasta la siguiente estación ubicada en Machachi.
En ese sitio, la modernidad le toma de la mano a la tradición y los turistas abordan modernas locomotoras que tienen como destino final El Boliche y Latacunga, a un par de horas del lugar de salida.

El camino sigue de largo
Y para los incrédulos, las cifras muestran que efectivamente el tren todavía es aclamado por grandes y chicos. Jorge Carrera, gerente de la empresa de Ferrocarriles del Ecuador, aseguró que el turismo ha aumentado en un 50 por ciento en lo que va del año, lo que también ha contribuido a aumentar las cifras del turismo en el país.
Según Carrera, lo que se busca es que el ferrocarril siga activo hasta la eternidad, pues esto permitiría dinamizar la economía de los pueblos por donde pasa. “Esta obra de gran trascendencia para el país no debe morir”, concluyó el gerente general.

 

Rutas habilitadas

·Quito-Latacunga-Quito
·Quito-Machachi-Boliche
·Quito-Machachi
·Riobamba-Palmira-Riobamba
·Ibarra-Salinas-Ibarra
·Tambo-Coyoctor-Tambo
·Salidas los jueves, viernes, sábado y domingo desde las ocho de la mañana.
Costos entre siete y once dólares.
Mayor información al 1-800 873637 ó a www.efe.gov.ec

 

En la memoria

Un clavo de oro colocado por América Alfaro, hija del presidente Eloy Alfaro, en el último riel de la estación de Chimbacalle, selló la obra de infraestructura más grande del Ecuador. El tren arribó a la estación el 25 de junio de 1908, inaugurándose oficialmente con una gran fiesta cívica nacional.
Durante 37 años, el ferrocarril estuvo en manos de la compañía estadounidense The Guayaquil and Quito Railway Company, hasta que en 1945, el entonces presidente de la República, José María Velasco Ibarra, nacionalizó a la compañía y pasó a llamarse Empresa Nacional de Ferrocarriles del Estado (ENFE).
Luego, los años le cobraron la factura a la obra de Alfaro y las máquinas poco a poco fueron desapareciendo del territorio ecuatoriano. Pueblos asentados en los márgenes de la línea férrea se convirtieron en fantasmas y el silencio inundó a la vía por casi 30 años, hasta su actual rehabilitación.

COMENTAR:

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Expreso.ec se reserva el derecho de editar o no publicar aquellas opiniones que no cumplan con un uso apropiado del lenguaje.

Comentario: (256 caracteres máximo)

 

Todos los derechos reservados © 2012 .
Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.