En un sembrío de palma africana del recinto Monterrey, del cantón La Concordia, en Esmeraldas, fueron encontrados acribillados tres corredores de bienes raíces, oriundos de Guayaquil.
Dino Leonidas Pino Urquiza, de 51 años de edad, Édgar Patricio Jaramillo, de 55, y Javier Alfredo Morla Lazano, de 50, fueron ejecutados de varios tiros en la cabeza. El triple crimen no se habría cometido en la plantación de palma, propiedad de Ramiro Muñoz, sino que al parecer, los verdugos abandonaron sus cuerpos en una guardarraya, antiguo botadero de basura del poblado de Monterrey, a 3 kilómetros de La Concordia.
Los cadáveres estaban boca abajo. Uno de ellos envuelto con un plástico de color negro y embalado con cinta y a unos cinco metros de los otros dos, que estaban juntos, rodeados de plásticos negros y forros de asientos de vehículos, de color café. Sobre las víctimas estaban regados varios documentos ensangrentados.
El administrador de la propiedad halló los cuerpos a las 14:00 y comunicó a la Policía de La Concordia sobre el hallazgo. Agentes de la Policía Judicial ubicaron sus documentos personales y números telefónicos de familiares, por lo que de inmediato se pusieron en contacto con ellos.
Los agentes detectaron que los cuerpos de Pino, Jaramillo y Morla tenían varios disparos solo en la cabeza. Por los surcos que habían sobre la hierba, se sospecha que los cadáveres fueron sacados de algún vehículo, arrastrados y abandonados. Incluso uno de ellos tenía el pantalón en las rodillas.
Salieron de Guayaquil hasta Esmeraldas
Familiares de las víctimas dijeron a la Policía que ellos salieron de Guayaquil en una camioneta Mazda gris, doble cabina, con destino al recinto Chonta Duro, del cantón Río Verde, provincia de Esmeraldas.
No hay indicios del vehículo que dejó las huellas de los neumáticos sobre el monte. Sin embargo, se conoció que el carro fue adquirido por Javier Morla hace algunos meses a Ramiro Ocampo, en Santo Domingo. Los tres eran socios de una inmobiliaria de bienes y raíces que tiene las oficinas en las calles Los Ríos y Primero de Mayo, en Guayaquil. Ellos se dedicaban a invertir en la compra de propiedades que eran rematadas en cualquier ciudad del país, como Guayaquil, Quito, Babahoyo, Milagro, Cuenca y Santo Domingo.
En esta vez, Pino y Jaramillo acompañaban a Morla a posesionarse de una hacienda de 400 hectáreas adquirida en 240 mil dólares mediante un remate que hizo el Juzgado de Coactivas de la Corporación Financiera Nacional (CFN) de Quito, pero que estaba invadida, dijo David Morla, quien vino a realizar los trámites para trasladar el cadáver de su tío, para llevarlo a Guayaquil.
Inversionista Jaramillo amenazado de muerte
Rodrigo Jaramillo, hermano de Édgar, uno de los acribillados, había presentado una denuncia en contra de una persona, quien al parecer habría amenazado de muerte a los inversionistas “si pretendían ingresar a la propiedad”.
“Conozco que los invasores no querían salir de la propiedad, tampoco estaban interesados en llegar a un acuerdo económico. Esa era una táctica que por algunas veces debieron manejar los corredores de bienes cuando las propiedades que adquirían estaban invadidas”, explicó el familiar del fallecido.
David Morla, tío de Javier Morla, agregó que en la inmobiliaria conservan grabadas las amenazas que recibieron del sujeto y que por eso enfocaron las denuncias contra él.
Narcisa Vera, esposa de Pino, con quien vivía en la ciudadela Martha de Roldós, dijo que Morla recogió a su marido a las 06:00 del jueves. “Le supliqué que no viajara, me parecía peligroso por las intimidaciones telefónicas, pero no me escuchó”, manifestó la mujer, quien trabaja como maestra en Guayaquil.
Los deudos de Morla, Jaramillo y Pino, denunciaron la muerte de sus familiares en la Fiscalía de La Concordia y se llevaron a los baleados al Puerto Principal.
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