Un olor embriagante envolvía las palabras de un hombre de la tercera edad: “Dios les pague, es duro vivir en la calle”, balbuceaba con palabras casi inentendibles.
El trago, metido hasta en lo más profundo de sus venas y de su ser, le impedía pararse con equilibrio. Lo encontraron dormido en un callejón peligroso, a una cuadra de la hermosa e iluminada plaza de San Francisco. Eran apenas las siete de la noche, pero hasta entonces eran ya tres los rescatados de las garras de las calles y el peligro que implica pernoctar en la vía.
A estos tres hombres sin nombre ni identidad o a otros tantos que esa noche no aparecieron, se los encuentra bajo los efectos del alcohol y las drogas, cobijados solamente con la fría noche quiteña.
Utilizan la calzada como colchón, a veces por horas o por pocos minutos, pues la Patrulla de Acogimiento de Mendigos del Municipio llega a rescatar a estas personas vulnerables.
Ellos trabajan en un proyecto que inició hace tres años y que tiene como objetivo principal ayudar a las personas que se han sumido en los vicios de la calle y la han elegido como su hogar.
Lo que hacen, en grupos en donde se incluye a un paramédico, a un psicólogo clínico y al menos a tres especialistas que han realizado cursos en disuasión, persuasión y manejos de personas conflictivas, es recorrer las calles y recoger a quienes quedaron desparramados en cualquier esquina víctimas de su adicción.
Para eso se ayudan de sus otros compañeros policías metropolitanos que cuidan el Centro Histórico y lo recorren a pie. Un llamado por el Motorola que todos poseen es suficiente para que en cuestión de minutos lleguen al punto que les indicaron.
Indigentes acogidos con calidez
Viernes, siete de la noche. Varias fundas con basura esperan por el recolector. Junto a ellas un hombre sentado como en la sala de su casa y detrás de él una tarrina en funda negra, con algunas sobras para comer.
“Te queremos ayudar, no es justo que estés en la calle...papacito, ésta no es la forma de vivir, tienes que estar bajo techo”, fueron las palabras de Kléver Villamarín, inspector de la Policía Metropolitana. Hacía su trabajo de todos los días. Tomaba signos vitales mientras convencía a un hombre de mediana edad que no sabía cómo se llamaba o de dónde venía, para ir con él.
Con toquecitos en el cuerpo, alienta a los “borrachitos de la calle” a que lo acompañen voluntariamente a cualquiera de los 14 lugares habilitados para recibirlos.
Ahí les dan comida y albergue. No están obligados a quedarse. Pueden salir cuando quieran y de hecho la mayoría lo hace.
“Les hace falta su vicio. A nosotros nos hacen falta tratamientos y medicinas para ayudarlos”, explica Sergio Jurado, psicólogo clínico del proyecto, quien se encarga de la valoración de cada uno de los rescatados.
Por ello, lo que puede hacer, al menos por el momento, es ponerlos a salvo cada noche o tiempo que ellos decidan quedarse en las fundaciones que los reciben.
Unos aceptan la ayuda, otros no. Pero cuando dan el sí, la patrulla de acogimiento comienza por revisar sus signos vitales, llenan un formulario de rescate en donde se apunta su problema -drogas, alcohol- y finalmente lo suben a la única furgoneta que es la que los acompaña a todas partes.
Un plástico envuelve los asientos del auto para facilitar la limpieza del mismo. El tufo, el vómito y las necesidades humanas son inevitables. “No tienen vergüenza, pues el trago los embriaga y les bloquea su sistema nervioso, no saben lo que hacen”, comenta Sergio, mientras ayuda a uno de los acogidos a sentarse atrás.
La caridad
La noche avanza. El caminar en zig zag delata a un anciano. El grupo de turno conformado por cuatro policías y el psicólogo intentan rescatarlo. El anciano los ve y prefiere correr sin rumbo, sin cuidado. Los autos son un peligro potencial, pero la guayusa o guanchaca, como conocen a los residuos del alcohol procesado, bloquea su sentido común.
Las calles son su hogar, pero a la vez su mayor peligro. Villamarín explica que muchos se niegan al rescate debido a que creen que lo tienen todo. Salen a pedir comida y se la dan. La caridad se convierte en la principal fuente de ingresos. Con ese dinero compran lo que los mantiene en otro mundo: alcohol y drogas. “Si creen que tienen lo que necesitan, para qué quieren ayuda”, reflexiona Villamarín.
Cifras alarmantes
El 95 por ciento de las personas rescatadas son alcohólicos y en lo que va del año la mayoría han sido hombres, asegura el inspector del proyecto. Otro de los datos preocupantes es que los adultos mayores se roban las cifras estadísticas con el 78 por ciento de los rescatados.
Una hora después del recorrido por las calles, el patrullaje hará una parada. Se encontró a un borracho social. No es mendigo, pero se hallaba perdido en las calles del centro y un amigo de lo ajeno estaba a punto de convertirlo en su presa.
Era un militar que, uniformado y todo, agradecía por el detalle de los militares que respetaban su rango para tratarlo.
Luego de aceptar la ayuda lo llevan a su casa. La esposa sale preocupada y lo recibe. El psicólogo da unas recomendaciones y la patrulla vuelve a lo suyo, aunque la ayuda a personas en riesgo, como en este caso, también forma parte de su quehacer, pues al final su idea es proteger a los quiteños.
Hace falta más
“A pesar de que el trabajo se viene haciendo desde el 2007, de domingo a domingo, esto no es suficiente”, asegura el psicólogo Sergio Jurado. Comenta que las instituciones no tienen la capacidad de recibir a todos los que ellos podrían ayudar.
Además, los rescatados vuelven a las calles. El 61 por ciento son reincidentes, es decir, han sido sacados de la calle pero al ver que no pueden acceder a sus vicios en los sitios de acogida, ellos prefieren su vida anterior.
Antes de volver al recorrido, los dos “invitados de la noche” son dejados en el albergue Remar Cumandá. Los suben prácticamente en brazos. Entran al lugar y allí el olor a alcohol, a pobreza y dolor mezclados con orina están al rojo vivo en las escaleras de ingreso.
Ya en el salón todo es mejor. Un grupo de más de 15 indigentes recibe a sus compañeros de tragedia. El enorme cuarto con sillones y una gran mesa en el centro ha sido adaptado como sala de bienvenida y comedor que serán la casa de estos dos hombres, al menos por esa noche.
El alcoholismo, un problema
Con las cifras se evidencia el alcoholismo en el Ecuador. Seiscientas cincuenta y tres personas, solo en el Centro Histórico, en apenas seis meses y tomando en cuenta que este número es solo de aquellos que aceptaron el traslado. Espere más informes acerca de este tema, con datos alarmantes sobre este problema de salud pública y los proyectos que se llevan a cabo en la capital.
Son 14 los lugares habilitados por el Municipio para recibir a mendigos alcohólicos y drogadictos:
·Remar Cumandá
·Remar Pusulí
·Remar El Inca
·Reinserción familiar
·Disuasión y persuasión
·Albergue San Juan de Dios
·Hogar de Vida 2
·Centro de Salud número 1
·Hospital Psiquiátrico San Lázaro
·Hospital Enrique Garcés
·Hospital Eugenio Espejo
·Fundación Abuelitos
·Dinapen
·Cruz Roja
Si los ciudadanos quieren ayudar a un mendigo pueden llamar al teléfono 02-228-8901 y la patrulla de acogimiento irá de inmediato a identificar a la persona.
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